10
martes,
de
Book II
"Nuevos caminos"
-¡No!,
¡Michael!- grité entre risas.
La hierba
húmeda mojó mis pies mientras la brisa chocaba contra mi rostro, alborotando mi
cabello. Intenté correr lo más fuerte que pude, pero sus zancadas resultaron
ser mucho más rápidas que las mías.
Un depredador y
una presa. Una presa que sin embargo, no temía caer en las garras de aquel
predador.
Miré fugazmente
hacia atrás y entonces le vi a una distancia nada conveniente. Estaba a solo
unos cuantos metros de ser alcanzada.
-¡Aléjate de
mí!
-¡Ven acá!
-¡No!
Hice mis
últimos esfuerzos por alejarme de él. Pero sus risitas sólo estaban a un
respiro de mi cuerpo y entonces decidí dejarme atrapar una vez más.
En menos de un
latido sus brazos se cerraron en torno a mi cintura con aquella exquisita seguridad,
con aquel sentido de propiedad que yo misma le había permitido tan sólo a él.
-¿Creíste que
podrías huir de mí?
-¿Huir de ti?,
¿quién querría hacerlo?
-Me alegra
escuchar eso, porque nunca te lo permitiría pequeña tramposa.
-Y yo jamás
pensaría en hacerlo, Michael. Pero tomando en cuenta las circunstancias…-
Y en menos de
un segundo yo ya había tratado de escapar, pero claro, él no me dio ni las más
mínima posibilidad de hacerlo. Me alzó en sus brazos y comenzó a andar,
ignorando cada uno de mis reclamos.
-Michael, por
favor, por favor…-
-No.
-Por favor…-
-Esta vez no
podrás evitarlo. Tienes que pagar las consecuencias.
-Michael-rogué
hundiendo mi nariz en su cuello.- Por favor…haré lo que quieras, lo prometo.
Un instante de
duda. Lo supe en cuanto comenzó a aminorar la velocidad de su paso.
Esta era mi
oportunidad.
-¿Y qué es lo
que me darías a cambio?- dijo unos segundos después, deteniéndose un momento. Pude
percibir el tono socarrón de su voz y la sonrisa que seguramente había en sus
labios. – Debes ofrecerme algo muy bueno, por cierto.
Medité algunos
segundos, aferrada a su cuello, llenándome de aquel aroma que solía enloquecer
mis sentidos.
-¿Un beso es lo
suficientemente bueno para ti?
-Sí, lo es.
Bien pensado. Pero a decir verdad, un beso lo puedo conseguir de todas maneras.
Así que no hay trato.-
-¡Ey!, ¿y si
decidiera negarte mis besos?-
-No lo harás.-
Alcé mi rostro
para poder mirarle. Una vez que nuestros ojos quedaron a la misma altura le
fulminé con la mirada.
-¿Cómo puedes
estar tan seguro?-
-Créeme, no
podrías vivir sin mis besos ni un solo día.-
-¿A no?-
-No. De hecho,
te lo puedo demostrar.-
-En ese caso me
encantaría ver cómo lo haces, sabelotodo. -
Y entonces supe
que no debí haberle desafiado, pues acercó peligrosamente sus labios a los míos
y se detuvo allí.
¿Algún día sería
capaz de controlar aquella sed, absolutamente irracional que mis labios tenían
de los suyos?
Mi fuerza de
voluntad se hizo añicos en un segundo y le besé. Sentí el sabor de sus labios y
el movimiento sensual de estos sobre los míos una vez más. Pero demasiado
pronto para mí, Michael impuso una dolorosa distancia entre nuestros rostros.
-¿Decías? –
dijo entre risitas burlonas, mientras yo salía de mi momentáneo lapsus carpe
diem.
-No cantes
victoria. Me has pillado por sorpresa. Sabes que si me lo llegara a proponer podría
vivir una vida entera sin tus besos.- mentí.
-Patrañas. No
querrás reconocerlo, pero no vivirías ni un segundo sin mí.-
-¿Sabes una
cosa, Michael Jackson?, creo que soy la única culpable de que tu ego se haya
convertido en un monstruo.-
Entonces el
rompió en carcajadas y yo sonreí a la par.
Cada día tan
sólo una sonrisa en su rostro bastaba para iluminar cada resto de mis sombras.
Y es que simplemente ya no podía vislumbrar un futuro si él.
12 de julio. Un
mes amándole desesperadamente, de aquella manera desmedida, infinita, en la que
jamás creí poder amar. Un mes que había bastado para mostrarme una vida llena
de colores, llena de sonrisas. Un mes en el cual había descubierto la razón
fundamental de mi existencia.
Michael.
Muchas veces en
el pasado había soñado. Soñado con algo que sacudiera mi interior, que me diera
fundamentos para creer, que lograra hacerme temblar un instante eterno.
Algo que
tuviera sentido, que llenara cada recoveco de mi ser, que diera respuesta a
cada interrogante alguna vez planteada.
Y le había
encontrado.
Dicen que hay
momentos en la vida que permanecerán marcados a fuego en tu memoria. Y yo
coincidía totalmente con aquella teoría, ya que estaba completamente segura de
que cada latido, cada segundo, cada “te quiero” estaría allí, bajo mi piel para
siempre.
El sol dió de
lleno en mi rostro cuando escuché a lo lejos la voz de Janet acercándose hacia
mí. Calculé las posibilidades que tenia de escabullirme, pero ciertamente,
aquellos brazos no me lo permitirían. Medité también suplicarle mi absolución a
mis contendores, pero tampoco tardé demasiado en concluir que no valdría la
pena.
-¡Buen trabajo
Peter, somos invencibles!
-¡Te lo dije
enana!, lo siento cariño, pero ya sabes, esta vez no puedo pasar por alto tu
derrota. ¿Justicia es justicia, no?
-Mike…por
favor…-murmuré de la manera más persuasiva que me fue posible.
Me observó con
aquellos ojos marrones que tantas veces me habían hecho perder la cabeza e
intuí que, como tantas otras veces, él se compadecería de mí. Deposité un
besito en su cuello y sentí como su piel se erizaba. Sí, había logrado mi
objetivo.
Pero el borde
de la piscina se encontraba sólo a unos cuantos centímetros y yo casi podía
sentir el agua en mi cuerpo.
-Quizás pueda
perdonarte una ultima vez…-dijo al fin intentando reprimir un suspiro mientras
mis labios aun rozaban su piel.
-¡Oh no, no lo
harás!
Y entonces
sentí cómo alguien empujaba a Michael por la espalda.
Caímos de
pronto, irrumpiendo en aquella helada superficie, mientras Janet reía a
carcajadas.
El agua salpicó
alrededor de nosotros y caímos juntos hacia lo más profundo.
Cada parte de
mi cuerpo, hasta la más recóndita quedó sumergida bajo el agua y el tiempo dejó
de correr, al menos para mí.
Aquella
sensación de atemporalidad que sólo aquellas situaciones te proporcionan. Ese
segundo eterno en el que salir hacia la superficie es todo un desafío, mientras
la necesidad de obtener una bocada de aire se hace cada vez más urgente.
Pero en aquel
preciso instante alguien tiró de mí, mucho más allá de lo que alcanzaba a
percibir.
-¿Campanita?,
¿estás bien?- escuché preguntar a lo lejos, aunque a decir verdad, estaba algo
ocupada para responder. Tosí un par de veces intentando despejar mi garganta
antes de tomar algo de aire.- ¿Liz?
-Sí, estoy
bien.- murmuré.
Pero claro, no
estaba tan mal como para dejar pasar aquella oportunidad. Michael sólo se
encontraba a escasos centímetros de distancia con la guardia baja. Un momento
absolutamente perfecto para mi venganza. Así que no dudé ni medio segundo en
lanzarme hacia él y hundirle en el agua.
Solté un par de
carcajadas antes de nadar rápidamente hacia la orilla para escapar de sus
zarpas, ya que en cuanto se recuperara vendría a por mí.
Pero aún mi
venganza no estaba completa.
Janet.
-¡Oh no, Liz!,
¡Michael, ayúdame!-
Salí de la
piscina y corrí hacia ella con la mayor velocidad posible. Y no fue una tarea
difícil, pues aún se partía de la risa al borde de la pileta.
Hizo falta tan
sólo un empujoncito y Janet ya estaba dentro del agua junto a Michael.
Ambos me
fulminaron con la mirada mientras yo me retorcía a carcajadas disfrutando de mi
victoria. Tardía, pero victoria al fin y al cabo.
La venganza sí
que era dulce. Y por lo demás, ver a Michael con el cabello mojado y sus risos
cayendo enmarañados sobre su rostro no tenía precio alguno. Como tampoco lo
tenía ver dos pares de ojos clavados en mí con instintos asesinos.
Pero en cuanto
Michael comenzó a nadar hacia la orilla supe que si había alguien en este mundo
que disfrutaba vengarse aún más que yo, era precisamente él.
Y sí. Cuando
comenzó a correr hacia mí también tuve la seguridad de que no valía la pena
esforzarme en escapar. En lugar de eso me dediqué a algo muchísimo más
interesante que correr.
Mis pupilas
recorrieron su figura por entero de manera instintiva, completamente
involuntaria, y se detuvieron allí, en su torso desnudo. Cientos de cristalinas
gotitas resbalaban por su piel chocolatada, acariciando cada fibra con una
lentitud desquiciante.
Aquello era una
locura. Verle así definitivamente alteraba mi sistema nervioso.
¿Por qué
demonios era así de guapo?
Corrió hacia mí
con aquel garbo que caracterizaba cada uno de sus movimientos, mientras esa
sonrisa torcida que tanto me gustaba se formaba en sus labios. Una sonrisa
maliciosa, tremendamente atractiva.
Y allí estaba,
a menos de un metro de distancia, con sus risos empapados y aquella mirada que
me dejaba sin argumentos.
-¿No huirás?-dijo
de pronto desconcertado, mientras su sonrisa se ensanchaba.
Negué lentamente
y di un paso en su dirección.
-¿Asumes tu
derrota entonces?, ¿sin más?-
-Ajá. Sólo por
esta vez, que lo sepas.-
-¿Y a qué se
debe esto?, estoy absolutamente consternado.-
-Se debe a que
huir no es precisamente lo que ahora me apetece hacer.-
Me observó un
instante en silencio, con aquellos despiertos ojos llenos de genuina
curiosidad, como si estuviese descifrando cada una de mis palabras y el
significado que estas tenían oculto.
-¿Puedo saber qué es lo que te apetece hacer entonces?
Y claro que lo
sabría, pues él estaba directamente relacionado en ello. Sonreí ante el cumulo
de imágenes que se agolparon de pronto en mi mente. Recuerdos. Tantos recuerdos
de aquellas cuatro semanas, de cada uno de los días que había pasado junto a
él, inseparables, como si en el mundo no hubiese existido nada más que el otro.
Besos, abrazos, caricias, sonrisas, noches desveladas y confesiones realizadas
por millones.
Di un paso más
hacia el frente, extendí mi brazo y enredé mis dedos en sus risos. Atraje
lentamente su rostro hacia el mío, disfrutando cada segundo, cada roce de su
aliento en mis labios. Porque justamente lo que más disfrutaba de tenerle de
esa forma no era precisamente el contacto de sus labios en los míos, aunque
fuese bastante difícil de creer en algunas ocasiones.
Lo que
sencillamente adoraba era aquella seguridad de saberle mio, completamente mio.
Y era precisamente en esos momentos cuando sentía con mayor fuerza aquella
promesa que nuestras almas se habían hecho.
Casi podía oír
su corazón latiendo por mí cada vez que mis labios se posaban en los suyos, de
la misma manera en que estaba segura él podía percibir mis latidos
repiqueteando como un ave a punto de volar cada vez que su piel rozaba la mía.
Las últimas
semanas habían sido por lejos las mejores de mi vida entera. Estaba
completamente segura de ello.
Se sentía bien,
increíblemente bien.
Una gota de
agua resbaló por uno sus risos y cayó en mi mejilla hasta llegar a mi cuello. Llevé una de mis
manos hacia su pecho y le acaricie suavemente, perdida en el brillo diamantino
de sus oscuros ojos. Y entonces Michael tomó mi cintura y atrajo mi cuerpo
hacia él suyo. Acortó la distancia existente entre nuestros labios, mientras
mis ansias acababan con toda voluntad.
-¡Ey, sigo
aquí!- gritó de pronto una vocecilla a mis espaldas.
Di un respingo
y Michael se apartó en menos de un segundo para sonreír tímidamente ante las
risas de aquella personita que accidentalmente habíamos olvidado durante lo que
podría haber sido tan solo un sueño.
El mejor sueño
de mi vida.
-¿Ves aquella
estrella?, es mi favorita. Estoy seguro de que es la misma que solía observar
cuando aún era un niño. Cada noche trepaba el viejo árbol que estaba junto a mi
habitación en Gary y me quedaba allí durante horas. La mayoría de las veces perdía
la noción del tiempo y el sueño me vencía. Luego Jermaine me llevaba a la cama
antes de que Joseph pudiera notarlo.
Desde entonces
nada ha cambiado allí, en el cielo. O al menos eso es lo que creo.-
-Probablemente
haya cambiado, ¿lo sabías?, con el pasar del tiempo el brillo de cada estrella
se extingue poco a poco. Quizás aquella ya no pueda siquiera destellar una
pizca de luz y sólo la estés confundiendo con otra más joven.
-Es una buena teoría.-
aceptó luego de meditar algunos segundos.- ¿Pero sabes una cosa?, creo que esta
es diferente. La he observado durante muchos años, prácticamente mi vida
entera. Y por ello creo conocerla bien. Es especial, de eso estoy seguro.-
La noche ya había
caído hace algunas horas y la oscuridad había cubierto el cielo, cientos de
pequeños destellos luminosos le cubrían y Michael había estado absorto
observando aquellas estrellas, mientras yo, le observaba a él. Mi estrella
personal, la más brillante de todas.
Y qué cierta resultaba
ahora aquella analogía, pues él se había convertido en la estrella magna de mi
vida, iluminándolo todo, hasta los recovecos más oscuros de mis recuerdos.
Habíamos estado
tumbados en la hierva durante horas, uno al lado del otro, sintiendo la calidez
de nuestras pieles sin tocarnos siquiera. Contándonos cada secreto, sin emitir
palabra alguna.
Habíamos estado
amándonos. Amándonos incluso cuando no teníamos idea de que la vida puede ser
maravillosa una vez que cada pieza del rompecabezas encaja.
-Elizabeth
Forwell, ¿te había dicho ya lo mucho que te amo?
-Un par de
veces. Pero no te preocupes, me encantaría oírlo una vez más.
-Te amo.- dijo
entonces, llevando su mirada hacia mí rostro.- Te amo con cada uno de mis
latidos, Liz.-
¿Cuántas veces había
imaginado aquellas palabras salir de sus labios?, ¿cuánto había deseado
escuchar un “te amo”?
Lo cierto es
que seguía deseándolo, con mayor fuerza aún.
Le seguía amando,
con cada suspiro, a cada segundo. Sin titubeos aquel sentimiento se había expandido
en mi pecho, incansable, causando una inquietante dependencia.
Un mes en el
que ni un solo día habíamos dejado de estar juntos. Sobraban excusas y motivos
para permanecer unidos cada noche, cada
hora y a cada respiro.
Y así era como quería
que mi vida siguiese hasta que mi corazón dejase de latir, pues ya no podía vislumbrar
en futuro sin él.
-Amor, ahora es
tuya.
-¿El qué,
Michael?
-Mi estrella. A
partir de ahora es tuya. Tuya y mía.- dijo tomando mi mano, entrelazando sus
dedos con lo míos.- Quiero que me prometas algo. Procura recordarme cada vez
que la observes.-
-Michael, te
aseguro que tu estás todo el tiempo en mi mente. Pero me parece un trato justo,
sólo si tú prometes recordar cuánto te amo cada vez que aquella estrella esté
frente a tus ojos.
-Lo prometo,
campanita.
-Y yo a ti,
Peter. Te amo.
-Para siempre.
Comenta! :)
15 comentarios:
mee encantoooo
Ay Nathi ! que maravilloso capitulo !! cada capitulo es mejor que el anterior ...he leido desde la primera hasta la ultima palabra con una enorme sonrisa en mi cara ! es un capitulo muy romantico , muy refrescante y dulce ... amor, alegria y sensacion de libertad han sido mis tres emociones predominantes al leerlo. fabuloso sencillamente !! espero con ansias el siguiente ! : )
:D alfinnnnnn estuvo genial!!!! n.n me gusta mucho
Dios! Me pareció que tardabas una eternidad en volver a publicar algo! Pero la espera, definitivamente, ha valido la pena. Amé el capítulo, tuvo un poco de todo.
Hermoso, de principio a fin!
Espero ansiosa el siguiente!
Saludos!
¡Una vez más me has sorprendido Nathalie! Haces de un capítulo, un ratico de risas, travesuras, tristezas y alegría. Eres estupenda.
Por favor, ¡Tienes que seguir! Espero con ansías el próximo capítulo. Y pásate por el mío, ¡No seas malita! :( jejejeje...
Saludos, cariño!
Isabel.
guuuaaa increible me quede sin palabras!!!! Bellisimo Nathi....
LLORE....MICHAEL U.U TE AMO..MUCHO..DULCE PETER MIO...
buenísimooooo!!
gracias por publicar.. ya nos hacia falta un capítulo másestá increíble la forma en la que describes la relación de michael y elizabeth, cada sentimiento, cada caricia...
pero creo que a esta historia le hace falta un cambio...
no sé.. un antagonista, o alguna situación que ponga a prueba su relación...
espero con ansias el proximo capítulo.. porfa no tardes tanto
¡Hola Gras!, antes que todo, muchísimas gracias por comentar. Ahora con respecto a tu inquietud debo decir que un suceso debe tener desarrollo, de un momento no se puede pasar bruscamente a otro. Una historia es el reflejo de la idea de una vida, y como tal, no puede presentarse el climax inmediatamente, aquello seria incorrecto, apresurado e inmaduro para la trama. Por otro lado, no sabemos con seguridad si esta historia tendrá un antagonista, no sabemos si habrá un conflicto. Cada creación es única. Al momento de escribir no hay reglas, no existe una estructura que diga cómo llevar los sucesos.
Sólo te puedo decir que en mi mente la historia esta ya escrita. Por ello pido paciencia. hay que tener la mente abierta pues yo no sigo cánones y espero que esto sea del agrado de mis lectoras.
Me alegra mucho que te haya gustado esta publicación, Gras.
¡Un abraso para ti!
sinceramente me gusto el capitulo!!! Wow!! Por fin se dio ese gran e inesperado romance entre mike y liz!!!! Me encanta esta parejita!! ... Aww! La novela contiene esa magia que atrapa enseguida a las lectoras! Ja ja eso me paso a mi! Bueno nathie te deseo lo mejor para ti! Dios te bendiga!
Atte. Tu nueva fiel lectora :)
HOLA...NAT...YA ME HE PASADO..POR AQUI...CADA DIA..DESDE LA ULTIMA VEZ QUE ESTRENASTE CAPI....QUE PASO???....ESTAS BIEN....QUEDE CON EL CORAZON EN LA BOCA CON TU NVELA....SIGUELA ONEGAI....PLEASE..... BENDICIONES.. :)
Shannia, linda, muchas gracias por seguir la novela.
Ahora mismo estoy escribiendo un nuevo capítulo que espero publicar hoy por la noche.
Un abrazo !
Más que perfecto, pequeña TIENES UN GRAN DON! y los estás aprovechando al máximo, se que Michael estará muy orgulloso de ti, sabes algo? todo esto y aún ,mas especial e infantil, ocurrirá si tienes fe, en que Dios y el cielo existen, por eso siempre trato de mantener mi fe en lo alto, porque asi se que tendré vida eterna, y lo mejor de todo, es que lo tendré junto a la persona que mas amo en este mundo, mi Peter, mi angelito, mi alma gemela: Michael ♥. Hermosoo sigueeelo sweetie, sigo tu novela desde haaace uuf una de las mas mágicas y mejores que he leído en serio. GOD BLESS U ♥ It's all for love L.O.V.E ♥ , sube el próximo capitulo, lo estaré esperando con ansias ♥
muy buen blog te amo mj
pasate x el mio
olaa :) me encanta la historietaa XD esta muy chulaa :P como puedo ponerle música como has hecho tú?
Graciass por todooo, ciau besitos :* :*
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Gracias por comentar :)