Capítulo 11









Cerré lentamente la puerta a mis espaldas e intenté moderar mi expresión. Al voltear me encontré a Elena, junto al teléfono, mientras que Anne estaba a su lado.
-¿Qué sucede?- pregunte sobresaltada al ver las expresiones de sus rostros. Cualquier persona hubiera pensado que se habían ganado la lotería, o algo por el estilo.
-¡Un segundo antes de que atravesaras la puerta te ha llamado Michael Jackson!- grito Anne. Mi corazón comenzó su ya habitual tamborileo. Pero antes de que mi sonrisa se extendiera, la rabia volvió a apoderarse de mí. ¿Acaso se estaba burlando?, ¿ni una pizca de vergüenza le aquejaba?- ha dicho que volverá a llamar después.- continuó Anne con entusiasmo.
-¿A si?, pues si vuelve a hacerlo dile que no llame nunca más, ¿entendido?- dije caminando hacia la cocina.
-¿No estás contenta?, ¿qué es lo que ocurre Liz?- me persiguió Elena hasta la cocina, evidentemente desconcertada ante mi actitud.
Volteé y le mostré la revista. Al verla, abrió sus ojos como platos.
-Oh, ya veo- susurró impresionada.
No dije nada más. Lo último que me apetecía en ese momento era hablar, y así lo comprendieron ellas.
Me preparé meticulosamente la cena, para así lograr distraerme.
Sin duda alguna, ese había sido uno de los peores días que podía recordar. Comí sin entusiasmo y dejé gran parte de la cena. Mis pensamientos solo le daban vueltas y más vueltas a lo ocurrido.
Llené la tina de agua y me sumergí en ella intentando aclarar mis pensamientos. No podía creer lo que me estaba pasando. Nunca antes me había sentido de esta forma...nunca antes un chico había jugado de esa manera conmigo, ni despertado tales sentimientos en mí. ¿Por qué justamente Michael Jackson tuvo que ser el primero?, el menos indicado robó mi corazón y lo destruyó en mil pedacitos. Una vez más recordé los momentos que había pasado con él, todo lo que hablamos, sus gestos, su mirada. Y por primera vez reparé en un pequeño detalle. No podía estar molesta con él, ya que simplemente, nunca le había preguntado siquiera si tenía novia, ni él me lo había dicho. Di absolutamente por hecho que Michael me coqueteaba porque, obviamente, estaba soltero. Que estupida. Pero ahora daba exactamente igual, porque tendría que olvidarlo.

No se cuanto tiempo estuve exactamente en la tina, pero de seguro habían sido un par de horas. Cuando terminé, me dirigí hacia la sala y prendí la televisión, puse una película de terror bastante patética, pero al menos distrajo mis hostigantes pensamientos.
-Liz, ¿podemos hablar?- dijo Anne sentándose a mi lado.
-Claro, suéltalo ya- le respondí sonriendo.
-Bueno, la verdad es que no quiero seguir con el tema de ya sabes quien, solo quería decirte que los niños te extrañan mucho Liz, hace bastante tiempo que no te pasas por allá. Quizás mañana podrías ir, ¿qué me dices?
-Tienes razón, iré mañana. Me servirá para distraerme un poco.
Realmente la idea era perfecta. Esos pequeños monstruillos me alegrarían.
Una de las razones por las que apreciaba tanto a Anne era su buen corazón. Cuando llegamos a los Ángeles, no dudó ni un segundo en buscar trabajo en alguna fundación de niños huérfanos. Y así fue como gracias a ella yo descubrí una forma de ayudar haciendo lo que sabia, bailando. Cada vez que los visitaba, podía observar en sus tiernos rostros las ganas de aprender, de evadir sus problemas, de olvidar lo triste de sus cortas vidas. Tal como una vez me pasó a mí. Tras la trágica muerte de mi padre, la danza me absorbió completamente, ya que era la única forma de calmar mi dolor, de alejar mis sombras. Sin duda alguna esto provocó un absoluto placer para mi madre, quien siempre soñó que su pequeña hija siguiera sus pasos.  Es por ello que me sentía tan comprometida con esos niños, ya que entendía su dolor.

Cuando el sueño comenzó a invadirme, me metí a la cama. Intenté dormirme, pero al cerrar los ojos solo pude ver una imagen detrás de mis parpados, la de su rostro.


Anne interrumpió mi profundo sueño a eso de las nueve de la mañana. Salté de la cama y me arreglé rápidamente. Ese día no me permitiría darle más vueltas al asunto.

El camino hacia la fundación se hizo realmente corto, ya que gracias a las tonterías de las que hablaba Anne, la risa no abandonó mis labios ni por un segundo.
Al cruzar el gran portón, vi como los niños corrían hacia mí. -¡Liz!, ¡Liz!- el sonido de sus vocecitas repiqueteaba por todo el lugar. Les abracé uno por uno, respondiendo a sus insaciables preguntas. Pasar el día con ellos me hizo olvidar todos aquellos pensamientos que quería evitar.
 La música invadió mi cuerpo, mientras que los niños observaban atentamente mis instrucciones. Les enseñaría todo lo que sabía, verdaderamente quería hacerlo. Podía ver como al son de la música liberaban la tristeza que habitaba en sus corazones a tan temprana edad.

Al caer la tarde llegó la hora de las despedidas, ante sus miradas suplicantes.
-Volverás ¿no es cierto Liz?- preguntó Bree, la más pequeña y aplicada de mis alumnas. Como me enternecía verla bailar, sin duda alguna, con entrenamiento y dedicación, ella podría perfectamente dedicarse al arte si así lo decidía.
-Por supuesto que volveré cariño- dije al tiempo que depositaba un beso en su suave mejilla. Pero al instante sentí como jalaban de mi camiseta. Volteé y divisé a Tomi, un pequeño niño de no más de seis años.
-¿Qué ocurre Tomi?- dije acariciando su rosácea mejilla.
-¿Puedo hablar contigo Liz?
-Claro que sí cariño.
Entonces tomó mi mano, llevándome lejos de los demás. Cuando se detuvo, cortó una flor del gran jardín y me la dio, ante lo que yo casi me derrito.
-Oh, muchas gracias Tomi- dije besando su mejilla.-Dime pequeño, ¿qué es lo que querías decirme?
-Liz, solo quería preguntarte si quieres ser mi novia.
-¿Qué dices?- pregunté asombrada.- ¿No crees que soy un poco mayor para ti cariño?- dije conteniendo una carcajada. Mi pregunta lo hizo meditar un momento.
-Claro, ¿pero cuando sea mayor serás mi novia verdad Liz?- dijo con su suave y tierna vocecita.
-Será mejor que cuando seas mayor hablemos de esto, ¿te parece Tomi?- dije riendo. No había nada más adorable que aquel pequeño.
-Está bien.- dijo con una sonrisa de decepción.
-Ahora ve a jugar cariño.
Le observé correr por el jardín, mientras me partía de la risa.



Cuando al fin llegamos a casa, estaba completamente exhausta, lo que me alegraba profundamente. Mientras más cansada estuviera, menos tonterías pensaría.
 Me senté junto a las chicas para cenar algo antes de ir a la cama, pero justamente lo que menos me apetecía escuchar llegó a mis oídos.
-Esta tarde Michael volvió a llamar Liz. -dijo Elena-  Dos veces.
-¡¿Dos veces?!
-Sí, dos veces y parecía desilusionado de no encontrarte. Liz, ¿no crees que deberías hablar con él antes de decidir hacerle la ley del hielo?
-Por supuesto que no. Ya no quiero tener absolutamente nada que ver con él. Mañana hablaré con George para que me encargue de otros asuntos.
-Pero Liz, si sigue insistiendo es por algo.
-No, no y no. No hablaré ni una palabra con él. ¿Le has dicho que no vuelva a llamar verdad?
Elena bajó la mirada, lo que me dio a entender inmediatamente la respuesta.
-¡Pero Elena!, no por ser quien es se merece un trato especial. No después de lo descarado que fue.
-Lo siento Liz, pero es tan amable y sonaba tan decepcionado por no hablar contigo que, no se...simplemente no pude.
-No te preocupes. Algún día se cansará de llamar.- dije sonriendo, ya que a decir verdad, me encantaba el hecho de que me recordara.
Las tres reímos ante mi respuesta. La cena siguió su curso, entre bromas y risas.
Ese día me había devuelto la cordura.



Los rayos de luz que entraban por mi ventana terminaron por despertarme. Me levanté y observé el radiante sol que había esa mañana, lo que me animó para salir a correr. Hace mucho que no hacía deporte y esta era la oportunidad perfecta. Me lavé la cara, cepillé mis dientes y me puse un short deportivo que hacia juego con la camiseta. No me detuve a arreglarme demasiado y salí del apartamento. Al llegar a la calle, respiré profundo, llenando mis pulmones de aire y eché a correr...con la extraña sensación de estar siendo observada.




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3 comentarios:

T a t i a n a. dijo...

No la puedes dejar ahí! O_O

Pero, qué onda con el niño? hahaha! precioso me llenó de ternura ^^
Me gustó mucho el capítulo, pero no demores tanto en actualizar!

God! quiero saber quién la observa! aunque maso, me hago la idea xDDD

Un beso enorme linda!

MitsukiXD dijo...

uuuuuuuuuuuuuu, no lo pudes dejar ahi.
sera el o no sera el, esa es la pregunta


sube lo pronto plzz! :)

Malena Malo dijo...

uy ! quien la observa !!! me imagino pero no seee!! siguela Nathalie esta exelente te felicito ! recien hoy supe de tu blog gracias a ti y no he podido parar de leerla es que eres muy buena escritora !! siguela que muero de curiosidad por saber que sigueee !!

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