Capítulo 20






Sentí como mis piernas súbitamente perdían su peso, entumecidas y temblorosas. La gravedad dejó de surtir efecto en mí, ya que toda fuerza de atracción palidecía ante lo que en ese momento estaba ocurriendo.
Él estaba ahí. Y mi mundo comenzó a girar en su órbita.                  

Tres pares de ojos centraron su atención en mí en cuanto cerré aquella puerta.
 Los de George, Frank Dileo y por supuesto, los de Michael.
 Me quedé ahí, completamente descolocada.
Intenté componer mi expresión y disimular lo sorprendida que estaba.
-Pasa Elizabeth, te estábamos esperando querida- dijo George al verme.
Su semblante era serio, algo extraño en él.
Motivo por el cual entré en pánico. ¿Por qué Michael y su manager estaban ahí?
Busqué una explicación en sus rostros, pero la expresión de Frank era indescifrable, por lo que mis ojos se detuvieron en Michael.
Y en aquel instante supe, que haber hecho aquello había sido el peor error que podía cometer.
 A pesar de que sus hermosos ojos se encontraban ocultos tras unas gafas oscuras, sentí el escrutinio de estos, que me recorrían por entero.
Durante algunos segundos eternos, perdí toda conexión con la realidad.
Mi mirada estudió cada detalle de aquel irresistible chico.
Hoy, sin duda alguna, Michael sobrepasó toda expectativa. Lucía realmente guapo.
Su cabello rizado caía graciosamente sobre sus hombros, enmarcando su rostro, resaltando su belleza.
Vestía de manera formal y elegante, con una chaqueta estilo militar negra, exquisitamente adornada con pequeños cristales.
Contuve el aliento una vez, reprimiendo aquellas vergonzosas granas de suspirar.
Pero sin previo aviso Michael estuvo a punto de dejarme en evidencia, cuando sus arrebatadores labios esbozaron una gran sonrisa, provocando que un desastre a gran escala me sacudiera interiormente.
No pude resistirme a sonreírle, sintiendo como mi pulso atronaba en mis oídos.
Obligué a mi cuerpo a reaccionar, acortando la distancia entre ellos y yo.
-Buenos días- dije saludándoles.
Y aunque moría de ganas de lanzarme a los brazos de Michael, debía guardar la compostura, manteniendo las formalidades. Después de todo, ser la sobrina de George no me salvaría de ser despedida en caso de que él notara la particular cercanía que había adquirido hacia mi entrevistado.

Avancé unos cuantos pasos hacia el inmenso escritorio, siendo absolutamente conciente de que tenía un par de irresistibles ojos clavados en mí.
-Bueno Elizabeth- dijo George, dirigiendo su seria mirada hacia mí.-Te he llamado porque al parecer, tienes algo que contarme.
Le observé confundida. ¿Contarle algo?, ¿El qué?
-Perdón George, pero no comprendo a qué te refieres.-
-La verdad es que yo creo que lo sabes perfectamente, por ello Frank y Michael se encuentran aquí.- concluyó categóricamente- Lo que no entiendo es por qué no me lo habías dicho antes.

Mierda.

Mierda, mierda, mierda. George estaba al tanto de lo que ocurría entre Michael y yo.
Esta vez, nadie me salvaría de las consecuencias. ¿Qué clase de reportera se enamora de la celebridad a la que entrevista?
Estaba oficialmente despedida.
Observé a Michael en busca de algún tipo de auxilio. Pero aquella sonrisa divertida me desconcertó.
Me devolvió la mirada, podía sentir sus pupilas clavadas a las mías, pero él parecía bastante cómodo con la situación.
Absolutamente descolocada, quise interrogarle. ¿Qué le divertía tanto?, ¿Lo atónita que estaba o el que me encontrara irremediablemente desempleada?
-¿Y bien?- dijo George, esperando una respuesta.
-George, yo...-
Pero cuando comenzaría a pedirle disculpas por mi conducta tan poco profesional, George soltó una gran carcajada.
-¡Niña!, ¡con la cara que tienes terminaré por creer que ocultas un asesinato!- dijo aún riendo.
-Elizabeth, vinimos para finiquitar lo que ya nos habías propuesto, ya sabes, lo del reportaje que harás sobre Michael.-dijo Frank, observándome de manera convincente.
Le miré durante algunos segundos, intentando descifrar aquellas palabras.
¿De qué me estaba hablando?, ¿reportaje, qué reportaje?
Ah, ya veo. Algo pareció hacer clic en mi mente. ¡Un reportaje!
-Oh, claro, el reportaje.- dije casi en un susurro, deteniendo mi confusa mirada en Michael, quien asintió levemente, sin dejar de sonreírme de aquella forma arrebatadoramente seductora.
-Sí, el reportaje Liz. ¿En qué estabas pensando, querida?- espetó tío George. Y ahí estaba de vuelta aquella mirada cariñosa y paternal tan característica en él cuando de mí se trataba.-
-Bueno,- dije desviando la vista- creo que he estado algo distraída George. Lo siento.
Suspiré, claramente aliviada. Si que había pasado un buen susto.
 No me habría venido nada de mal algún tipo de aviso de parte de Michael sobre esto, pero ciertamente su plan era magnifico.
Con que ésta era la sorpresa. Sencillamente perfecto.
-Aún no entiendo por qué no me lo habías mencionado. ¡Es una idea brillante!- dijo George, esta vez dirigiendo su mirada a Michael y Frank.- ¡No podía ser de otra manera siendo mi sobrina favorita!
Y distendidamente se echó a reír junto a aquel par de cómplices.
Sí. Ahora me daba cuenta de que Frank era el cómplice de Michael.
Observé la escena con atención.
George parecía congeniar bastante bien con Michael, ya que mientras yo analizaba la situación, ellos relajadamente se gastaban bromas, sumergiéndose en una oleada de risas.
Michael ya se había ganado la confianza de George. ¿Acaso podía ser más perfecto?
-Entonces, Elizabeth- dijo George captando mi atención nuevamente- le harás un seguimiento a Michael durante todo el periodo que anteceda al lanzamiento del su nuevo disco.
-Partiremos hoy mismo. La idea es que estés en las grabaciones de los nuevos videos, ensayos del Tour, ya sabes, toda la preparación que conlleva la salida al mercado del disco. Prácticamente, desde hoy, Michael y tú serán inseparables.- aseguró Frank mirando de reojo a su representado.
Mordí mi labio inferior, conteniendo una sonrisa. Michael era un especialista en conseguir lo que quería.
-Será mejor que comencemos ya mismo, o nos retrasaremos.-dijo Frank poniéndose de pie, emprendiendo una nueva conversación con George.
Michael se levantó de su asiento y se dirigió hacia mí, desatando en mi corazón una serie de latidos desenfrenados, arrítmicos e incontrolables.
Acortó la distancia que nos separaba, quedando frente a mí, mientras que sólo algunos centímetros generaban lo que me pareció un abismo entre nosotros. Le observé quitarse las gafas, derritiéndome.
¿Por qué me costaba tanto controlar aquellas impetuosas ganas de lanzarme a sus brazos?
Algo paranoica, eché una mirada hacia donde se encontraba George, para asegurarme de que no se diera cuanta de la cercanía que había entre Michael y yo. Y sí, el alivio me embargó cuando le vi absolutamente concentrado en la charla que sostenía con Frank.
Pero antes de que decidiera fijar mi mirada en él, Michael tomó suavemente mi barbilla, para clavar sus pupilas en las mías.
¡Madre mía!, ¿Era conciente acaso de aquella electricidad que recorría mi cuerpo cuando me tocaba?
Sus ojos perforaron los míos, torturándome, matándome lentamente.
En ese instante no pude pensar en nada más que en él. ¿Cuál era mi nombre?, no tenia ni la mas mínima idea.
Se inclinó hacia mí y detuvo sus labios cerca, muy cerca de mi oído.
-Te lo dije campanita.- susurró con aquella voz suave, pero segura. Increíblemente seductora, tal vez demasiado para mi cordura.- Te lo he prometido, ¿recuerdas?
Reí tímidamente, mientras Michael depositaba un beso en mi mejilla.
-Claro que lo recuerdo.- dije sonriendo, mientras observaba aquellas ojos rebosantes de dulzura y fatal atracción.
-Bueno, verdaderamente espero que no pienses que estoy loco, pero simplemente no podía conformarme con tenerte sólo algunos momentos, Liz. Creo que has generado una seria adicción aquí, ¿sabes?-
-A veces las adicciones resultan peligrosas, Michael.- le dije mordiendo levemente mi labio inferior.
-En ese caso, prefiero correr el riesgo.
Sentí como un sutil rubor cubría mis mejillas, haciendo eco de la catástrofe que aquel chico había desatado en mí.
Él lo notó. Llevó una de sus manos hacia mi rostro y me acarició con suma delicadeza, sin dejar de exhibir aquella magnífica sonrisa que tanto me gustaba.
-¿Sabes lo exquisitamente hermosa que estás hoy?-
-Michael, ¿te encanta hacer que me sonroje, no?
Soltó una risita juguetona, mientras acariciaba mi labio inferior con la punta de su dedo índice.
-No te lo negaré. Adoro cuando te sonrojas. –Dijo quemándome con el tacto de sus dedos en mis labios.- Pero no lo he dicho con esa intención, realmente estás bellísima.
Bueno, la verdad es que siempre lo estás, pero me sigo sorprendiendo cada vez que te veo.
Mil descargas eléctricas parecían recorrer mi cuerpo, mientras aquella mirada me absorbía, quitándome cualquier opción de escapatoria.
En ese instante fui consiente de lo mucho que nos habíamos acercado sin percatarnos de ello. Nuestros rostros se encontraban a una escasa y peligrosa distancia.
-Michael- susurré entonces, rogando misericordia.
-¿Si?- respondió él, embriagándome con aquel enloquecedor aliento, dulce, enloquecedoramente dulce.
-Creo que deberíamos...deberíamos-
-¿Deberíamos qué?- dijo sonriendo, observando mis labios.
-Deberíamos...- maldición, ya había olvidado lo que quería decir.
Rió suavemente, conciente del efecto que su cercanía tenia en mí
Pero sorpresivamente, con un ágil y delicado movimiento se apartó algunos centímetros, tomando mi cintura para así quedar ambos de frente a George y Frank, quienes justamente se aproximaban a nosotros.
Observé rápidamente a George en busca de alguna señal de que nos hubiera alcanzado a ver, pero lucía perfectamente normal.
Michael había actuado en el momento exacto, ¿Cómo lo supo?, ni idea.
-Chicos, es hora de irnos. Hay mucho trabajo por hacer.-dijo Frank dirigiéndose a nosotros.
-Está bien,- respondió Michael, rodeando mi cintura con uno de sus brazos descaradamente. Observé con el rabillo del ojo su mano en el costado de mi cintura, para luego llevar con sutileza la mía. Intenté quitar su mano delicadamente, con sumo cuidado de que George no lo notara. Pero Michael no pareció de acuerdo con ello.
Al contrario de lo que esperaba, tomó mi cintura con mayor firmeza, provocando que mis paranoicos pensamientos se activaran.
Si George se percataba de ello, sospecharía de las intenciones que Michael tenía hacia mí, lo cual, no me parecía una buena idea.
-Muchas gracias, George- dijo Michael, estrechando la mano del aludido con la que le quedaba libre.-Ha sido un verdadero gusto conocerlo.
-El gusto es mío, Michael.

Los tres se despidieron, mientras yo cruzaba los dedos para que aquel pequeño detalle no fuera percibido por George. Y ciertamente funcionó.
Subí la mirada y me encontré con aquella sonrisa torcida.
-Entonces Campanita, ¿aceptas acompañarme al infinito?- Me preguntó observándome con esos ojos que me mostraban la inmensidad de lo que estaba por venir.
¿Y cómo negarme a aquella propuesta, si precisamente lo que deseaba era perderme junto a él en el país de nunca jamás?
-Por supuesto, Peter. Iré junto a ti a donde quieras.

Y cuando Michael absorbió mi alma con su penetrante mirada, fui conciente de la inmensurable verdad de aquellas palabras.

5 comentarios:

MitsukiXD dijo...

ooooooooo, me encanta cuando le dice campanita *.*.Me encanto este capitulo!!!! =3
son tan lindooooss los dosss!!! :):)

sube el prox plz!!!

Malena Jackson dijo...

"Entonces Campanita?? Aceptas acompañarme al infinito ??? " ♥♥♥ mori de amor con esa frase ...lindo capitulo !! esta fabulosa la novela !!

Catalina dijo...

Uuuuuuuuuy x3! Se iran juntitos, que amor. Ansiosa por saber que aran durante este largo tiempo que estaran juntos....

Emely Jackson dijo...

Wow!! Aaaahhh, "Mierda, mierda, mierda" Jejeje, me encanto es parte!! Awww, y fue un capi muy Lindo, Lleno de Emociones y Caricias o.O
Que Envidia le tengo a Elizabeth!!! Dios, Amo tu Novela, siguela Plis!! xDD

Anónimo dijo...

Woow 16 de julio mi cumpleaños

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